El silencio te acompaña cada mañana, tembloroso, tras cada sueño irrepetible, de vuelta siempre a lo innombrable, a la cierta vaciedad que siempre anhelas, te acompaña en las lagañas masilentas, en el agua fría, se diluye en todo, si alguna vez pudiese callarte.
Hoy comienza, lo repasas mentalmente, comienza a oler, se siente, a cada paso, con cada movimiento, te da risa, te hace cosquillas. Así es, se cuela en cada pequeño poro del cuerpo, penetra dolorosamente por cada célula y circula, haciendo estragos en tus neuronas, conquistando tus mundos, habitante de tus absolutos.
Si pudieras callarlo, no, lo deseas, recorre tus pies, va a tu cerebro, lo vomitas, lo gritas y te vuelves a callar la boca, detenlo, silencio otra vez…