Ojos

Espacio, Visión y Poder

Lo que el título sugiere indica una intención de problematizar brevemente respecto de cómo es organizado el espacio sobre la base del control y de cómo ello tiene pertinencia en la problematización alrededor de la multimedia digital.
Esta organización del espacio está en función de permitir que la mirada opere como instrumento del poder al interior de un lugar. El poder se formaliza así, en la obligatoriedad impuesta de una conducta.
Estos mecanismos impositivos, son ampliamente debatidos por Michel Foucault en su libro Vigilar y Castigar, concretamente en la figura del Panóptico, que como él señala, es “el lugar privilegiado para hacer posible la experimentación sobre los hombres y para analizar con toda certidumbre las transformaciones que se pueden obtener de ellos” , donde se encuentra el modelo de la individualización y la caracterización de acuerdo a una disposición analítica del espacio. Disposición analítica a la cual es sometido también el espacio en los medios de comunicación, particularmente la multimedia.

Las relaciones al interior del Panóptico, se formalizan a través de un virtualismo en el que la mirada funge como un medio que no precisa de usar la fuerza para ejercer una coerción, la mirada garantiza la disciplina y el orden, al coaccionar al individuo a sentirse observado y a “inscribir sobre sí mismo una relación de poder en la cual juega simultáneamente dos papeles, se convierte en el principio de su propio sometimiento” . En el Panóptico, el espacio se ve trastocado, transita de la ocultación y el encierro, a la visibilidad, hacer visible para vigilar, y en este sentido, la visibilidad constituye una trampa. La mirada, a través del escrutinio, genera nuevos saberes y permite que el espacio se organice bajo un control utilitario. Tal la situación de la multimedia bajo el concepto de herramienta y uso y bajo su primordial forma mediática: Internet.
Ejemplo de esta disposición analítica del espacio que formula una serie de conductas repetitivas y coaccionantes, que al mismo tiempo es entendido como un lugar de auto contemplación y exhibición hipermediada en Internet, son los sitios conocidos como “My Space” o “High 5”, o el “Messenger”, espacios todos del anonimato, pero donde la personalidad opera como configuradora de un lugar aparentemente apropiado, pero potencialmente disponible y accesible para la vigilancia y la generación de conductas.

Dirigido hacia la construcción de un espacio individualizante, el reconocimiento del lugar opera a partir de una nueva territoralización, generada históricamente por las transformaciones del siglo XIX.
De manera que, como señala Jonathan Crary, a partir del cambio introducido por la modernización de la visión, ésta es redefinida a través de nuevas formas de concepción de lo real, donde las verdades son entendidas de acuerdo a las capacidades perceptivas del sujeto humano.
Surge así una tendencia al conocimiento de un mundo interno donde la visión se concibe sin ninguna conexión necesaria con el acto de mirar, el espacio se define entonces, a partir de una verdad interiorizada, donde lo exterior opera como una ilusión referencial que es puesta al descubierto por una lógica matemática y fisiológica de la visión. El cuerpo es sustento de la producción y en ese sentido, el ojo se presenta como un territorio eficiente con aptitudes, capacitado para la producción, y por tanto, sujeto del ejercicio del poder.
La especialización de la visión se traduce en la especialización del trabajo. Y en este mismo sentido, la relación sujeto-objeto se somete a una mediación, en la que el objeto comienza a desplazarse. Este desplazamiento se vincula, lógicamente, al control, como nota característica de la emergencia de un modo de ver. Este desplazamiento será un efecto casi inmediato en la emergencia de las tecnologías digitales y su aplicación mediática. Y ello no es sino una consecuencia de la disciplina misma que sentó las bases de la informática: la cibernética, la ciencia del control y la comunicación, ideada en la década del cuarenta, justo al término de la Segunda Guerra Mundial, por Norbert Weiner.

Este modo de ver, ha dejado atrás una tradición ocularcentrista que radicaba en la pureza y la opticalidad a partir de la conquista del plano como conquista del espacio, tal como lo señala Martin Jay , y se ha vuelto sobre lo interior como una “búsqueda metafísica de la conciencia privada y unitaria, separada de una relación activa con el exterior” . Esta movilidad de la conciencia privada es un efecto distintivo en soportes multimedia, en donde se procura siempre como principio, una separación de lo exterior, a favor de un control utilitario contextualizado siempre en el interior, y llevado a su máxima expresión en la realidad virtual inmersiva.

El conocimiento del espacio se centra entonces, en lo fenoménico, como deducción representativa de lo perceptual, de lo que surgen nuevas formas de lo real y en función de ellas, se articulan nuevas verdades sobre las capacidades de los sujetos humanos.

La autoridad del mecanismo de representación de estas realidades, la sustentarán los aparatos, en el sentido que Vilém Flusser expone, como objetos culturales que mantienen y llevan a cabo un programa a través de un funcionario, que pone en operación el mecanismo. Así la relación productiva, enfocada al programa del aparato, indica una producción simbólica basada en la información, de esa manera, el espacio sólo puede conocerse objetivamente como un cuerpo de datos que es representado. El espacio se correlaciona directamente con el sentido que un texto le inscriba, se contextualiza como una construcción cultural y simbólica a través de su concreción en una imagen técnica.

Para el caso multimedia, el complejo instrumental del cual depende, procede a través de datos, en un principio de la profusión de ceros y unos, posteriormente en la organización lógica y organizada de textos, algoritmos que operan como guías en las acciones de emisión y transmisión (programas, scripts), el dato estructurado es pues, el propiciador de toda acción posible y previsible.

Esta mediación entre el hombre y el mundo está dada pues por un texto de naturaleza científica, que a través de un aparato, genera una superficie significativa que es en última instancia una representación, una imagen que tiene una dimensión cognitiva. Es así, que a partir de la inserción del binomio texto-imagen técnica, surgirá la imagen-escritura, en la que la imagen cobrará cada vez mayor importancia.
Esto se advertía ya en el arte conceptual, en la creación formas de apropiación re-significantes de las imágenes de circulación masiva, en aras de cuestionar las relaciones sociales intersubjetivas, llevadas al extremo donde los valores y las prácticas, construyen nuevos referentes espaciales, lo cual se verá manifiesto también en la multimedia, el net-art, por citar un ejemplo conocido.
En este sentido es que pueden ser inscritos los relatos y su ficcionalización de la realidad, en tanto agentes generadores de metáforas como la de los espacios transitables .
Por esta vía, el espacio representado se constituye como una construcción, donde la fabricación indica una subjetividad mediada.

Así pues, a manera de conclusión, sirva entender, a partir de todo lo anterior, que el espacio siempre ha sido organizado de modos muy complejos que no han escapado a la vigilancia y el escrutinio como formas de control y como ejercicio práctico del poder. Y nos queda la reflexión respecto de nuestro quehacer como diseñadores en el sentido de una posibilidad de ejercicio crítico de la multimedia, cuestionando tal situación o contribuyendo a construirla.